viernes, 23 de agosto de 2013

Membrana epirretiniana macular

En marzo o en abril tuve nueva revisión, pero no hay mucho que contar. Me dijeron que la lente intraocular estaba un poquito sucia, pero que no era preocupante porque era fácil de operar con láser. Mi visión, desde luego, no había mejorado y no había nada nuevo que justificara un post.

Ayer fui al IMO. Tengo una cita prevista en la seguridad social para noviembre, pero como me voy a Francia durante unos meses, preferí irme con la certeza de que, al menos por ahora, mi retina está correcta.

Y bueno, pegadita está. Algo es algo. El ojo derecho sigue bien.

Primero me graduaron la vista e intentaron hacer converger la visión de los dos ojos cambiando lentes, sin éxito. Veo claramente doble y además mi visión del ojo malo está rotada hacia la derecha. Aparte, cómo no, de que veo borroso y deformado.

Luego me dilataron las pupilas y me miraron la retina y la lente. El doctor García-Arumi, que fue quien me atendió, me informó de que tenía la cápsula que contiene a la lente totalmente opaca. La cápsula, no la lente. ¿Por qué es importante esto? Porque si la lente se ensucia, que no es nada habitual, cambiarla de nuevo es un rollo y requiere quirófano. Por lo visto, cuando introducen la lente intraocular la ponen en su sitio plegada, y entonces se despliega ya colocada donde toca. Quitarla supondría muchos más problemas. En cambio, limpiar la cápsula que la contiene se hace en cinco minutos con láser. Pero no la limpian: la agujerean para permitir que pase la luz. Podéis leerlo aquí, donde lo explican muy claramente.

El doctor me explicó que por eso veía mal. Supongo que no están acostumbrados a que les contradigan cuando son tan expertos en lo suyo, pero sospeché que estaba equivocado y tuve que hacerlo. No me cabe ninguna duda de que la opacidad de la cápsula posterior me quita visión, pero hubo un tiempo en que no tenía cataratas (por ejemplo, justo después de la operación de cataratas) y seguía viendo borroso y deformado. El doctor sugirió que a lo mejor me habían puesto una lente sucia. Esto me sonó chungo y además, no sé por qué de repente se puso a hablar de la lente cuando el problema es la cápsula (a veces, como dice el artículo que os he enlazado, hablan de lente y no de cápsula para simplicarle los conceptos al paciente, aunque lo que dicen sea mentira). La cápsula no me la pueden poner sucia porque no me la cambiaron, y tampoco creo que la tocasen, porque el doctor Ramos sabía el riesgo que conllevaba tocar esa cápsula posterior. Me lo explicó claramente en su día, y lo transcribí aquí en algún post anterior. Lo único que podría haber pasado es que el aceite de silicona hubiera ensuciado la cápsula y los doctores Ramos y Peris no lo hubiesen notado, lo cual me parece raro.

Como en el IMO también comenté que en el OCT mi retina aparecía arrugada, me hicieron un OCT tras darme el presupuesto (202€ sólo esta prueba, 307€ la consulta completa) y me mostraron los resultados. El doctor García-Arumi me explicó que sí, que estaba como un acordeón, pero me dijo algo más, algo muy interesante: sobre la retina se ha formado una membrana que está formada por células similares a los fibroblastos (sin serlo) y por colágeno. Esta membrana contrae la retina y esto es lo que la ha arrugado. Pero el doctor insistía en que no creía que estas arruguitas me quitasen visión. no creía que afectaran lo más mínimo. Yo, por el contrario, intuí que ahí estaba la respuesta a mis preguntas. El doctor ya se reía con cierta condescendencia y casi diría fastidio, cuando yo le decía que supusiera el caso de que me operaba la cápsula y seguía viendo mal. Se hizo el remolón para contestar, y entonces ya habló de cirugía en quirófano para retirar la membrana, aunque comentó que esto no tenía por qué suponer un riesgo para la retina si se hacía con cuidado.

Le pregunté el nombre de la membrana: membrana epirretiniana macular.

Como el doctor no le dio importancia a las arrugas de mi retina (aunque intenté en vano hacerle entender que mi experiencia me decía todo lo contrario), no me dio mucha más información. Pero teniendo el nombre, no hubo más que buscar un poco por internet para encontrar todos mis síntomas

Me ofrecieron operarme allí mismo de la cápsula posterior, por 367€ más. Quedé pediente de pensarlo, porque por la seguridad social me saldría gratis y, si he de ser sincera, no me creo que mi visión vaya a mejorar sustancialmente. Que ojalá, ¿eh? Pero no me lo creo. En cualquier caso, igual me opero de todos modos cuanto antes. Así se les acaban las excusas y afrontamos el problema que yo creo que es el verdadero, y es el de la membranita esta. Y qué más quisiera yo que equivocarme, oiga usted.

El caso es que en el enlace ese que os he pasado urgen a quitarla, porque cuanto más se arrugue la retina, menos visión se recupera. 

La visita al IMO, por lo tanto, dio sus frutos, lo cual está muy bien, porque no fue barata y encima perdí mi vuelo a Asturias y Emilio su tren a Castellón. Menuda tarde, todo un despropósito. Pero no me acaba de convencer el trato. Tengo la impresión de que te tratan como si fueran poco menos que imbécil. No te explican nada y, en la mayoría de los casos, no te dicen nada a menos que preguntes. Y cuando preguntas, a veces da la impresión de que no quieren contestarte. Emilio le preguntó varias veces a la que me estaba graduando la vista si la divergencia de mis ojos podía deberse al cerclaje. Ella no le contestó en ningún momento, y nos hemos quedado con la duda, de hecho. Tampoco me ha dicho qué graduación tengo, así que perdí media hora graduando para que ellos sepan qué graduación tengo y no me la digan a mí. Para colmo, cuando ya me iba vi que no me daban ningún informe o prueba, donde al menos yo pudiera leer por mí misma todos los resultados de todas las pruebas y ver las fotos de mi retina, que en la ocasión anterior me habían entregado junto a la factura. Esta vez, me sorprendió no verlas y las reclamé. Me dijeron que para eso tenía que ir a otro mostrador, donde me dijeron que me las enviarían por correo, que eran mías, las había pagado y tenía derecho a ellas. ¡Faltaría más!

En resumen, muy frío el trato, muy poca información y la sensación constante de ser una molestia que tienen que aguantar para ganarse el pan. 

Pero al menos saqué algo en claro. Y si tengo que operarme allí, supongo que estaré en buenas manos. Digo yo.

martes, 4 de diciembre de 2012

Nueva revisión

Ya han pasado casi tres años del desprendimiento. No sé muy bien si me parece mucho o poco, a veces pienso que llevo toda la vida viendo mal. Pero otras me acuerdo con nostalgia de cuando mi ojo estaba todavía bien y me parece que fue ayer.

La revisión fue corta, así que no tengo mucho que contar. Me habían dicho que me iban a hacer más pruebas para averiguar a qué se debe mi visión distorsionada. La prueba adicional que arrojó luz sobre el asunto fue un nuevo OCT, del que ya hablé en su momento. El OCT reveló que la capa superior de la retina aparece arrugada justo al lado de la zona macular, es decir, el centro. Presenta una superficie irregular que provoca que yo vea distorsionado y no sea capaz de distinguir la letra más grande de todas cuando me gradúan. La buena noticia es que es una arruga superficial y, por decirlo de algún modo, "maciza", es decir, no hay huecos peligrosos detrás. Si hubiera huecos, podría colarse el líquido intraocular detrás y empujar y desprender de nuevo la retina. Pero parece que no existe ese peligro. Sí existe, en cambio, el de que traccione y arranque la retina de su sitio. A ello se añade que, si no utilizo el ojo porque no es capaz de ver, lo lógico será que acabe extraviado.

El doctor comentó, sin mucha seguridad, que a veces esas arrugas desaparecen solas; otras veces, no. En cualquier caso, pasaré bastante tiempo así. No me habló de nuevas operaciones, supongo que el riesgo sería mucho mayor que dejarlo como está y esperar lo mejor. No descarto la posibilidad de volver al IMO a por una segunda opinión. Lo más probable es que vaya, ya os contaré.

Lo bueno es que el ojo sigue estable, no da guerra, y eso está bien. A ratitos intento entrenarlo un poco, porque aunque vea borroso y distorsionado, ve, y todo lo que pueda sacarle será muy bien recibido. Y quién sabe. A lo mejor se alisa solo... Cosas más raras han pasado, seguro. :-)

Dentro de seis meses, de nuevo a revisión. Tendréis noticias mías. ¡Un abrazo a todos!

miércoles, 3 de octubre de 2012

Operación de cataratas

Ayer tuve cita en el quirófano para operar la catarata que se me formó hace cosa de un año en el ojo izquierdo. El aspecto de mi ojo hoy es este:


Nada mal, ¿no? Considerando cómo había quedado tras las anteriores operaciones, esto es una maravilla.

La operación fue muy bien. Me operó el doctor Francisco Ramos, que tiene unas manos de oro el hombre, y en media hora o así ya había acabado. Ya le he dicho que un día de estos le llevaré bombones. A propósito de esto y como nota al margen, comentar que esta vez no me dieron nada de comer después de la operación. Es consecuencia de los recortes de este maravilloso gobierno (entiéndase la ironía de la frase). Como había ido en ayunas y tenía hambre, Emilio me compró unas natillas en la cafetería.

Me pusieron de nuevo anestesia local,  pinchando el ojo como en la anterior operación, y reitero lo de que no es tan fiero el león como lo pintan. El pinchazo no duele más que depilarse un pelo de la ceja con unas pinzas. Más bien al contrario, duele más lo del pelo. Luego creo que pinchan más veces, pero la verdad es que no tengo ni idea, porque de esas sí que ya no te enteras.

Justo antes de empezar, me picó la parte lateral izquierda de la nariz y me rasqué. El doctor me dijo que mejor no me tocara ahí. Tuvieron que limpiar la zona con un algodón. Así que ya sabéis, no os toquéis cerca del ojo si vais a operaros.

En esta ocasión no puedo describir la operación al detalle porque, aunque había una chica allí observando y aprendiendo, las explicaciones fueron breves y esporádicas, como si ya hubieran repetido la misma operación miles de veces. Sí puedo decir que, durante la operación, se ve luz a través del ojo anestesiado,  se ve la lente cuando te la implantan, y se sienten cosas no demasiado agradables, pero tampoco dolorosas. Lo mejor es que la operación pasa muy rápido y, cuando te vas a dar cuenta, ya ha terminado.

La lente elegida al final fue la que me deja con siete dioptrías, para que la graduación sea similar a la del otro ojo y no haya descompensación. Debatimos el tema en la última visita, y luego Ramos habló con Peris, y todos llegamos a la conclusión de que era la mejor opción. Tengo la impresión de que para Ramos poner una lente que no me dejara a cero las dioptrías era casi una ofensa personal, pero como hacerlo conllevaría seguramente operar el ojo derecho para compensarlo, al final decidimos que mejor pájaro en mano que ciento volando: el ojo derecho se queda como está.

Tras la operación, tocó reposo: un día entero con el ojo cerrado, la gasa y la férula sobre él para protegerlo, nada de agacharse, ni de coger pesos, y la cabeza bien alta todo el tiempo. Y dormir boca arriba. Me pasé prácticamente el día entero tirada en la cama sin hacer nada, dejándome cuidar por Emilio, que dice que soy mala paciente pero se queja de vicio :P. La recompensa: dolor cero. Y eso que al irnos del hospital nos dijo una enfermera que, por alguna razón, los jóvenes solíamos sufrir más dolor que los mayores. Yo noté en algún momento que, al mover el ojo, molestaba un poco. Solución: no moverlo. Funcionó, oye. :-) 

Hoy, en la  primera revisión tras la operación, me retiraron las gasas, me limpiaron el ojo y Ramos comprobó la retina, ahora que la puede ver bien, sin catarata de por medio. Sigue bien pegadita en su sitio. El ojo lo puedo abrir con normalidad y sin molestias, pero me han recomendado que, para dormir, le ponga las gasas y la férula para protegerlo de cualquier golpe accidental. Al menos, puedo ponerme en la postura que quiera. Y tengo que poner gotas de Tobradex y Acular cuatro veces al día.

Mi visión ha mejorado algo, pero sigo viendo las cosas distorsionadas, como si estuvieran bajo el agua. Cuando gradúe las gafas veré algo más, pero no me engaño: mi visión de ese ojo ha perdido mucho y no va a ser ni de lejos la que fue. Y eso que no era la bomba, con siete u ocho dioptrías de miopía. Cosas que pasan. Me consideraré feliz si no tengo que volver a pasar por el quirófano, y muy especialmente si mi ojo derecho sigue portándose como un campeón.

Y creo que nada más por ahora. La semana que viene, revisión. Nos vemos entonces. :-)

lunes, 9 de abril de 2012

Dos años después

El día 29 de marzo, a pesar de la huelga, tuve revisión de la vista. Cuando el doctor Ramos me preguntó cómo me encontraba, respondí que no percibo ningún cambio desde la última revisión, hace seis meses. No noto que la catarata haya aumentado, no noto ningún tipo de molestia en el ojo, ninguna mancha sospechosa aparte del borrón habitual... Todo igual por lo que a mí respecta.

El doctor miró la retina y sí, efectivamente sigue en su sitio, estable y sin cambios. Comentó que sería raro que se volviese a caer habiendo transcurrido ya dos años desde la operación, aunque cosas más raras se han visto ya en este blog (y no me refiero a mí, sino a los lectores y compañeros de fatigas que dejan sus comentarios en las entradas). Así que pienso que no está de más seguir, incluso de por vida, con las precauciones básicas de no coger excesivo peso y no competir con los saltimbanquis de los circos. Por suerte para mí, nunca he tenido vocación de saltimbanqui. Intento aplicar el sentido común: bailo salsa, pero no polka. :-) Creo que el intentar conservar la vista bien vale el sacrificio, aunque al final resulte una cuestión más de azar que de otra cosa.

La catarata sí que ha crecido un poco, me dijo. No mucho, pero ahí está, aumentando paulatinamente. Que  decida yo cuándo me opero. Le dije que de momento estoy trabajando y que no quiero ni oír hablar de bajas, si puedo evitarlas, ya que con el ojo derecho me las estoy arreglando muy bien y el izquierdo no me da problemas. Esperaré a que se me acabe el contrato por obra, y cuando esté en el paro buscando otro proyecto en el que meter la nariz, entonces me operaré. Le pareció bien, aunque me advirtió del riesgo de dejar la catarata ahí demasiado tiempo. A la larga, me dijo, parece como que las cataratas se "deshacen" y sueltan algún tipo de arenilla que inflama el ojo, lo enrojece y duele un montón. Si me pasa eso, que corra a urgencias. Le pregunté si eso sería probable que pasase en los próximos seis meses, y me dijo que no, que la catarata aún sería pequeña, pero que no es mala idea que yo esté sobre aviso de los posibles síntomas.

En cuanto a la operación de catarata, y ya que no parece haber burbujas de aceite tras el cristalino ni nada de eso, entraña un riesgo pequeño: consiste en que, mientras en una operación de cataratas normal el cristalino reposa sobre la superficie gelatinosa del vítreo, el mío reposa sobre una sustancia mucho más líquida (debido a la vitrectomía), y, por tanto, menos estable a la hora de servir de sujeción mientras lo manipulan. El doctor no parecía muy preocupado por esto, pero creyó conveniente advertirme.

Añadió, además, el ya conocido problema de la diferencia de visión en los dos ojos. Pero ya no sólo de diferencias de graduación, o de si pongo la lente de tantas dioptrías o no. Me advirtió de que, incluso en el supuesto de que deje ambos ojos sin dioptrías (operando catarata con lente graduada en uno y miopía en el otro hasta dejarlos a cero los dos), la visión del ojo dañado no será tan nítida como la del sano, puesto que he perdido aproximadamente un 50% de visión. El resultado será una imagen del ojo derecho nítida intentando converger con una imagen del ojo izquierdo aproximada, pero borrosa. Eso pondrá las cosas difíciles a mi cerebro, que ahora es feliz porque se limita a descartar un borrón amorfo, pero no será tan feliz intentando separar dos imágenes que se parecen mucho pero que no llegan a cuadrar. Habrá conflicto, y es algo que tengo que ir aceptando. Este efecto lo percibo actualmente, de hecho, si me quito las gafas e intento leer algo a diez centímetros de mi cara. Mi ojo derecho, con dioptrías y todo, a esa distancia lo ve bien; mi ojo izquierdo, el dañado, no. Y con ambos ojos actuando a la vez, intentando enfocar, no puedo leer. Tengo que cerrar un ojo para poder hacerlo, porque las dos imágenes no convergen. Intuyo que lo que prevé el doctor es algo muy similar a esto.

Pero en fin, como dijo Emilio, ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos.

El doctor me miró también el otro ojo, el sano. Sigue bien, afortunadamente. No vio zonas demasiado delicadas, nada que reforzar, todo bien. De momento.

Y quedamos en que dentro de otros seis meses tendré la siguiente revisión, salvo que me quiera operar antes, cosa bastante probable si mi contrato se acaba, lo cual también es bastante probable.

Ah, y se me olvidaba: en la óptica sí que me cambiaron gratis el cristal de las gafas. No problem. :-)

Besos a todos y muchos ánimos para los desprendidos. :-)

lunes, 13 de febrero de 2012

Doctor, tengo una catarata en mis GAFAS, ¿es grave?

Este es el estado de mis gafas:



¿Verdad que no es normal? Bah, que yo he llevado gafas toda la vida y esto no me había pasado nunca. Algunos rayoncejos, suciedad acumulada en juntas, patillas flojas, dobladas o sin esmalte... pero ¿esto? Son como microburbujitas que se crean dentro del cristal. La superficie exterior está lisa. Obviamente, la interna no debe de estarlo.

Ha sido gradual, primero la catarata era más delgadita y costaba más verla. Ahora parece el Niágara. ¡Mis pestañas no rayan, lo prometo! Y encima es el cristal de mi ojo bueno. Quiero ir a la óptica donde me las hicieron a protestar, pero como es en Castellón y yo ahora estoy en Santiago, pues sólo me queda quejarme, que dicen que es sano y todo, y esperar. El cristal del ojo malo está perfecto, oiga. Menos mal que, al estar tan cerca del ojo, no me molesta apenas y veo como un pelín nublado en la zona central, pero es que como siga aumentando me voy a dar cabezazos contra las farolas.

Pensando, pensando, he llegado a la conclusión de que tal vez se equivocaron. Cuando hice estas gafas, dejé claro que tenía un ojo por el que no veía nada, el izquierdo. Así que pedí ese cristal de peor calidad, porque lo tendría que cambiar en breve y lo quería barato. El derecho, el del ojo bueno, lo quería súper-mega-guay-de-la-muerte, que para un ojo que tengo, pues aprovecharlo, digo yo. Ahora, me imagino al de la óptica al que le llegó el encargo de poner dos cristales, uno de baja calidad y otro de alta, porque la clienta tiene un ojo chungo. El tío ve que el ojo izquierdo tiene 2 dioptrías, y el derecho 8 o 9. ¿Cuál es el ojo chungo? ¡El de las tropecientas dioptrías, claro! Pero si la clienta dijo que era el otro... Estas clientas andan con un despiste que no saben cuál es la derecha y cuál la izquierda. Anda, anda, ya lo arreglo yo. Y ¡plaf!, me planta el cristal cutre en las ocho dioptrías. Es la única explicación coherente que he encontrado a semejante despropósito de cristal.

Así que nada, ahora tengo dos cataratas en desarrollo: una en el ojo izquierdo, y otra en la gafa derecha.

El mes que viene iré de vacaciones a Castellón y tendré mi revisión de la vista y de mis gafas. A ver qué me cuentan de mis dos cataratas.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Lo que se avecina

El lunes tuve revisión de nuevo y la retina sigue en su sitio, en ese sentido todo muy bien. La tensión también bien, estaba en 18mmHg en los dos ojos.

Ahora mismo, el aspecto de mis ojos es este:


He aplicado contraste para que se pueda ver un poco mejor el tamaño de la pupila. Sigue dilatada respecto al ojo sano, y dependiendo del ángulo al que mire, el ojo se sigue viendo un poco extraviado. De tamaño y apertura ha recuperado la normalidad, salvo cuando fuerzo la apertura de ambos ojos: el ojo sano es capaz de abrirse más que el enfermo.

Durante estos tres meses de estabilidad he podido estudiar un poco cómo funciona mi vista en este momento. El ojo está de vacaciones, por decirlo finamente. :-) Tras ser el ojo trabajador u "ojo bueno" durante 30 años, ha cogido una excedencia de un par de años y se ha dedicado a la buena vida. Pero si todo sigue como hasta ahora, es posible que vuelva al trabajo dentro de algún tiempo y la perspectiva de que termine sirviendo para algo existe y es halagüeña.

A día de hoy, veo borroso (aproximadamente un desenfoque de entre 10 y 13 dioptrías), a lo que hay que sumar que en el centro del ojo veo en blanco y negro y con peor contraste que en la periferia. El ojo ve doble, triple, o múltiple, según le incida la luz, y las líneas rectas las veo onduladas y danzantes, como si la imagen viviese en un entorno acuoso. Con un cristal de 8 dioptrías (el de mi ojo sano) veo razonablemente bien, incluso puedo leer carteles de letras medianas a una distancia de varios metros. Con esta graduación, sigo viendo deformidades y el centro del ojo sigue bastante desenfocado y en blanco y negro, y noto el campo visual un poquito más reducido que el otro. En resumen: ¡firmo por quedarme así!

Pero no se va a quedar así, porque es mi amiga la catarata la que está provocando la visión doble, las deformidades y el desenfoque y desaturación en el centro del ojo. Y la catarata seguirá creciendo, lo que implicará que cada vez veré peor hasta que llegue el momento en el que decida operarme (que será cuando me vaya al paro como pronto, porque yo el trabajo no lo dejo). Tal vez los doctores decidan operarme cuando no sean capaces de examinar mi retina dada la opacidad de la catarata. En ese caso, vería cómo negociar una salida airosa.

El doctor Ramos, que fue el que me atendió en esta ocasión, me explicó cuáles son los riesgos que corre la retina en la operación de catarata. El cristalino, me explicó, tiene forma de lenteja, con una parte posterior y una parte anterior, y en el interior se sitúa la lente que hay que cambiar. La operación habitual de catarata conlleva extraer la parte anterior, quitar la lente y cambiarla por otra que se sitúe sobre la parte posterior de la cápsula, que se queda en su sitio. Este tipo de operación supondría para mi retina el mismo riesgo que para una retina cualquiera. Hay riesgo, pero es pequeño. El problema sería que hubiese que tocar la parte posterior de la cápsula por algún motivo, como podría ser sacar la burbujita de aceite que supuestamente se me había quedado por ahí deambulando. Tocar esa parte posterior sí supondría más riesgo para mi retina, así que les haré saber a los doctores, si puedo elegir, que me importa un rábano la burbuja de aceite. Que la dejen ahí y hagan una operación de cataratas normal y corriente, que por lo visto es muy sencilla y no implica mayor peligro. El doctor Ramos, dicho sea de paso, no vio la burbujita por ninguna parte, y aunque cree que podría haber desaparecido sola, existe la posibilidad de que esté astutamente escondida tras la catarata. Se sabrá en posteriores exámenes, imagino.

Cuando me opere, que supongo que será dentro de un año o así, la decisión más importante a tomar será qué graduación ponerle a la lente. Si me ponen una con mi graduación actual, entonces ese ojo no necesitaría gafas ni lentillas. No obstante, dado que en el otro tengo ocho o nueve dioptrías, esto no es recomendable a menos que el otro ojo use lentilla. Con gafas, supuestamente no se tolera una diferencia de graduación de más de cuatro dioptrías. La graduación para la miopía disminuye el tamaño de los objetos, tanto más cuanto más alejado está el cristal del ojo. Si tienes un ojo que ve bien, y otro ojo que tiene ocho dioptrías, tu cerebro se volverá loco tratando de conformar una sola imagen con la imagen normal de un ojo y la imagen disminuida del otro ojo. Con lentilla esto no pasa porque, al ir pegada al ojo, la imagen  se mantiene a tamaño normal. En cualquier caso, mi cerebro no lo hace mal del todo, porque ahora mismo obtiene una imagen disminuida de un ojo (el sano) y una imagen amplificada, borrosa y deformada del otro ojo (el enfermo), y es tan listo que sólo atiende a una de ellas. Claro que si las dos estuviesen nítidas habría un conflicto mayor, pero como tengo un ojo de vacaciones...

Total, que tengo que decidir qué graduación poner en la lente del cristalino. El doctor Ramos me lo ha explicado para que "lo vaya pensando", pero creo que lo tengo bastante claro. Escucharé sus consejos futuros por si me hacen cambiar de idea, pero puestos a pedir, prefiero tener un ojo que vea bien, incluso aunque tenga que cerrar el otro para ver algo. ¡Y que este sea el peor de los males! Lo importante es que la retina aguante la operación, y que aguante de aquí a la operación, y que aguante, y aguante y aguante. Es más, me quedaría como ahora, con catarata y todo, si creyese que la operación de cataratas va a ser la primera de muchas otras operaciones. Claro, eso no se sabe.

El doctor parece que se ha relajado. Me ha dado cita para dentro de seis meses en vez de tres. Quiere darle tiempo a la catarata para que evolucione y haga de las suyas. Mientras todo lo que haga sea restarme visión, no creo que me suponga mayor problema. Ya os iré contando.

¡Un abrazo!

sábado, 18 de junio de 2011

Un año después de la extracción del aceite

Parece mentira, pero ya ha pasado un año (se cumplirá dentro de cuatro días, el 22 de junio). Ha pasado rápido, aunque por otra parte me da la impresión de que todo esto sucedió hace siglos.

El miércoles 8 tuve revisión para controlar la tensión ocular tras dejar de poner las gotas de Timoftol. Buenas noticias: la tensión estaba en 18 en los dos ojos, tras dos semanas de dejar el Timoftol en el izquierdo, con lo cual he dejado de ponerlas porque parece que la tensión ya se regula por sí sola.

La retina sigue perfectamente pegada, el doctor pareció satisfecho. No obstante, me volvió a hablar de la catarata y me dijo que tengo una burbujita de aceite de silicona pegada al cristalino, probablemente la causante de la catarata. Esta es muy pequeña aún, pero es de suponer, como ya dije, que en el futuro habrá que operarla si sigue creciendo, y es muy probable que así sea. El doctor me intentó ir mentalizando de que tendré que operar la catarata. Yo le pregunté sobre el riesgo de que se desprendiese la retina durante la operación, y no me lo negó, pero me dijo que habría que operar igual, porque si no, con retina o sin ella, acabaría no viendo nada en absoluto.

Me graduó la vista y se sorprendió de que viese tan mal. Pero es que cómo no voy a ver mal: sin ningún tipo de lente más que mis gafas (que, os recuerdo, tienen en el cristal izquierdo sólo 2 dioptrías de graduación cuando mi ojo ahora necesita entre 10 y 13), con el chisme ese de los agujeros que no sé cómo se llama, con una catarata con burbujita de por medio, y con la pupila dilatada... ¡Así no hay quien vea ná! Y claro, no distinguí ni los primeros símbolos, los más grandes de la primera línea. Ni siquiera distinguí si eran símbolos o letras. Cuando dije que veía una F y una C, el doctor me dijo que tenía sin duda mucha imaginación, y que no sabía por qué veía tan mal si la retina estaba perfecta, y que normalmente hacía falta algún tiempo para que se estabilizase la visión y mejorase, pero que ese tiempo ya había pasado. Me dijo también que no había prisa por graduar las gafas, que el ojo no se atrofiaría (al menos no más de lo que está ya, juas) y que podía graduar más adelante, a ver si aún mejoraba algo. Pero me da que todo lo que va a hacer es empeorar, por la catarata esa incipiente que tengo.

Queda esperar... y ver, jeje, nunca mejor dicho.

El día 26 de septiembre, próxima cita. Y entretanto, me traslado a Santiago de Compostela a por mi tercer largometraje. Con retina o sin ella, profesionalmente me estoy realizando pasito a pasito. :-)

¡Besos a todos!